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07.30.2008 at 05:17AM PDT, ID: 23606989 | Points: 500
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How to break in pages a chapter of a book

Asked by saul_roldan in PHP and Databases, PHP Scripting Language

Im posting on my web page a book and I have some chapter that are to long. how can I create pages with php to view using just one file in my database?

Here is the text that I will like to break into pages. Is this posible?

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Historia de la Redención
 
La Revelación de Dios en el Mundo
 
I
 
"En el principio creó Dios...y dijo Dios...". Así comienza la historia de la revelación estableciendo la palabra y el acto de Dios como la causa primera de todas las cosas. Él es la causa de todas las causas, el origen de todo orden creado y de toda ley natural. Siendo que es la causa de todo, deducimos que todo existe de acuerdo a un plan preestablecido, plan cuya finalidad es que las criaturas alaben y glorifiquen a su Creador. La criatura existe para adorar y no hay verdadera adoración cuando no se es libre. Dios es amante de la libertad y el pueblo que lo adora necesita serlo. En la historia del Éxodo ordena a Faraón que deje en libertad a su pueblo para que le celebre fiesta.[1] En la esclavitud el hombre vive abandonado y no puede hacer otra cosa que llorar su desgracia. El Salmista describe su condición al decir: "sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas". Habían suspendido la adoración, ¿cómo adorarían cuando no estaban presenciado el poder liberador de Jehová?, "¿Cómo cantaremos--decían--cántico de Jehová en tierra de extraños?[2]
 
La creación es un acto de liberación como lo es la redención, la libertad es el fundamento de la adoración, la fuerza que inspira la alabanza. Porque, ¿de qué sirve la alabanza programada en los labios de sus criaturas; acaso no les dio la facultad de razonar y juzgar por sí mismas el valor de las bondades que les otorgaba? Si a nosotros, seres mortales, nos enfada el que alguien responda a nuestros afectos de manera hipócrita y forzada, ¿cuánto más lo será para Dios cuya esencia es el Amor?
 
Libertad para adorar es libertad para ser lo que eres, una criatura que vive y depende de la adoración. El que la criatura sea libre para responder a su Creador no está en oposición a la soberanía divina, antes bien, es un acto soberano el hacerla libre. La adoración es la libre decisión de la criatura de reconocer a Dios como su Soberano y Benefactor. Génesis muestra que no es concebible la vida de la criatura en total autonomía de su propia naturaleza, sino que el centro de gravedad de su existencia es la voluntad del Creador quien está frente a la criatura como un "Tú" y la considera digna de diálogo.[3] 
 
De Graaf recuerda la importancia del pacto para definir la existencia como diálogo, o sea, no como meros receptores insensibles, sino como personas concientes de lo que el Creador hizo y capaces de responder. Nos dice: "nunca debemos perder de vista el gran significado del pacto. Sin pacto no hay religión, no hay comunión entre el hombre y Dios, y no hay intercambio de amor y fidelidad. Sin el pacto el hombre sería meramente un instrumento en la mano de Dios. Cuando Dios creó al hombre, su propósito era hacer algo más que un instrumento: hizo una criatura capaz de responderle".[4] La libertad de la criatura descansa en la soberanía de Dios que la hizo a su imagen, permitiendo que ésta exista en constante diálogo con él, aceptando o rechazando las condiciones establecidas para su existencia. Esto no hace al hombre más de lo que es, y no le resta a Dios nada, todo es producto de la voluntad divina o, como dice Calvino: "todo lo que tenemos es en préstamo para que siempre dependamos de Dios".
 
El evangelio proclama tu regreso a la condición de criatura; Dios se hace criatura para que seas restaurado a tu posición original y, de esta manera, recuperar tu derecho a la vida. El evangelio no te deifica[5], más bien te humaniza; te permite estar conciente de que sólo en dependencia del Dios de la gracia podrás ser rescatado de la muerte que te amenaza con ponerle fin a tu existencia. Mientras más resistas tu posición de criatura, más lejos de Dios te encontrarás y más cerca de la "nada', del polvo de donde te arrebató. Por otro lado, mientras más humano, más cerca de él estarás. La exaltación de Cristo a la diestra del Padre es el testimonio de lo que se llega a ser cuando se reconoce y acepta la condición de criatura. 
 
Dios se Revela por Medio de la Promesa
 
El hecho de que el Señor creó al hombre con la facultad de razonar testifica que fue siempre su intención el darse a conocer. Si hubiese deseado permanecer oculto, hubiese creado criaturas brutas. Él se complace en revelarse, está consciente de que no puede existir para sus criaturas a menos que condescienda a su nivel y se descubra a ellas. Todo cuanto de él conocen, su eterno poder y deidad desde la fundación del mundo, se lo manifestó por medio de las cosas hechas; este conocimiento no es una deducción de la razón humana, sino un acto muy personal con el cual confrontó al hombre en su existencia.[6] En lo que a Dios concierne absolutamente nada llega al conocimiento humano si él no toma la iniciativa.
 
La Palabra en la Creación
 
Génesis habla del principio, d e ese primer instante cuando la Palabra abrió la prisión de la no existencia para librar a sus cautivos, cuando el caos con sus fuerzas se oponía al orden y a la belleza. En ese principio estaba Dios, su Palabra y el poder vivificante de su Espíritu. Con la Palabra, dio forma a la más pequeña de sus criaturas; con el Espíritu, las unía al Verbo, la fuente de vida. La Palabra es el vehículo de la fuerza creativa del Todopoderoso y el mediador de toda criatura; con ella formó cada átomo, cada elemento, cada estrella, planeta y todo ser viviente. Por ella hizo los cielos y la tierra y todo el ejército de ellos; él mandó y existió.[7]
 
El Dios que las Escrituras proclaman cuida y mantiene a su creación, conoce el número de cada una de sus criaturas, desde la más pequeña e insignificante hasta la más grande y hermosa. A todas llama por su nombre: tal es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio.[8] Con la Palabra, sustentada toda su creación;[9] por su medio cubre los cielos de nubes, prepara la lluvia para la tierra y hace que los montes y collados produzcan hierba. Ella da a la bestia su mantenimiento y a los hijos de los cuervos que claman. Protege las ciudades,[10] sana a sus moradores y los libra de la ruina;[11] vivifica al afligido, llenándole de esperanzas.[12] Con ella se da a conocer a Jacob para elegirlo y convertirlo en un pueblo especial, distinto de las demás naciones.[13]
 
Los escritos rabínicos llamados Targum (considerados como una explicación de las Escrituras y, según se creía, contenían los secretos de Dios[14]), registraron lo que los maestros judíos entendían era el significado de las Escrituras. En el Targum de Génesis la Palabra creó al hombre; lo que hace a esto significativo es que en muchos versículos donde se alude a ella no es simplemente la articulación de los labios de Jehová, ésta tiene su propia personalidad y existencia.
 
Génesis 1:27: Y la Palabra del Señor creó al hombre a su imagen, a la semejanza del Señor, el Señor lo creó, al varón y a su compañera El los creó. (Targum de Jerusalén) 
 
Según esta interpretación judía, el hombre lleva la imagen tanto de Dios como la de su Palabra. De igual manera, es la Palabra de Jehová la que viene a hablar con Abraham:
 
Génesis 17:7: ...y yo estableceré mi pacto entre ti y Mi Palabra (Targum Onkelos). 
 
Génesis 15:6: ...Y Abraham creyó en la Palabra de Jehová, y le fue contado por justicia (Targum Onkelos). 
 
También encontramos a Abraham orándole:
 
Génesis 22:14: ...Y Abraham adoró y oró en el nombre de la Palabra de Jehová, y dijo, "Tú eres Jehová que ves, pero tú no puedes ser visto". (Targum de Jerusalén) 
 
Cuando Jehová iba a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, fue la Palabra la que emitió la orden para efectuar el juicio.
 
Génesis 19:24: ...entonces la Palabra de Jehová hizo descender sobre el pueblo de Sodoma y Gomorra, fuego y azufre de parte de Jehová en los cielos. (Targum de Jonatán) 
 
En Éxodo, es esta Palabra la que habla con Moisés y le entrega los diez mandamientos.
 
Éxodo 20:1: ...y la Palabra del Señor habló toda la excelencia de estas palabras diciendo... (Targum de Jerusalén) 
 
Sin la Palabra el mundo permanece en caos. Moisés dice que cuando Jehová comenzó la creación el mundo estaba deforme y vacío, y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El relato no dice que el Señor encontró al mundo en esta condición, el creó su estado caótico. Es mi opinión que la intención del autor al mostrarnos este hecho es la de plantear una verdad teológica. Expresar lo que es el mundo aparte del orden que Dios creó. 
 
Es importante considerar que el verso 2 de Génesis 1 no menciona la Palabra cuando de manera resumida señala que Jehová creó los cielos y la tierra. Lo hace cuando establece cómo llegó a existir el orden en la creación. El texto dice: "Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo". La palabra "desordenada" significa: sin forma, confusión, vacía, nada, lo que es irreal porque no tiene contenido, desierto, caos, vanidad. Ese es el mundo sin la intervención de la Palabra, previo al instante en que "dijo Dios, sea la luz..." dando inicio a una acción que progresivamente condujo a la creación del hombre, y de ahí al descanso del séptimo día en que el Creador reposa de su obra. 
 
El reposo sabático es el sello de la perfecta creación. Sólo puede haber descanso en la perfección, en la justicia, en la convivencia armoniosa entre Dios y la criatura. Antes de darle la tarea del trabajo, le permite disfrutar el primer día de su existencia en el descanso para que en medio de sus faenas diarias anhele volver al reposo. Se lo dio para que contemplara su creación, para que meditara y expresara su gratitud por lo que había recibido. El reposo que Adán perdió y que anhela tener es la dulce tranquilidad de la conciencia, descanso del intento frustrado de sus obras.
 
El pecado manifiesta su presencia nefasta al provocar que el mundo vuelva nuevamente al caos, al desorden y a las tinieblas. Los profetas usaron las imágenes presentes en el relato de la creación para describir la situación que el pecado ocasionó en Israel. Isaías proclama:
 
"Porque así dice el SEÑOR que creó los cielos (El es el Dios que formó la tierra y la hizo, El la estableció y no la hizo un lugar desolado, sino que la formó para ser habitada): Yo soy el SEÑOR y no hay ningún otro. No he hablado en secreto, en alguna tierra oscura;  no dije a la descendencia de Jacob: "Buscadme en lugar desolado." Yo, el SEÑOR, hablo justicia y declaro lo que es recto".[15]
 
Los profetas vieron en la desolación de Israel los efectos de Jehová ausentarse de su creación. Dios les advierte que no le busquen en lugares desolados; pues él no está allí. Su hablar no ocurre en las tinieblas, cuando habla la luz viene a la existencia haciendo a un lado la oscuridad. Isaías afirma que el Creador formó la tierra para habitarla, que su condición de desolación es contraria a su voluntad. Utiliza términos que recuerdan el estado caótico del mundo para indicar lo que acontece cuando la nación experimenta el juicio. El juicio lleva a la creación al caos, un volver al principio, al silencio de Dios. Todo esto recuerda el relato de Génesis.
 
Jeremías vuelve sobre las mismas imágenes, dice: 
 
Miré a la tierra, y he aquí que estaba sin orden y vacía; y a los cielos, y no tenían luz (Jeremías 4:23). 
 
Este texto no sostiene que antes que la Palabra iniciara su creación el mundo estuviera sufriendo los resultados de un juicio (como algunos erróneamente piensan), el profeta simplemente utiliza las palabras de Moisés para acentuar los resultados de Jehová ausentarse de Israel, y lo expresa mostrándoles que su condición de desolación será semejante a la tierra en sus comienzos, donde sólo existía oscuridad y desorden.
 
El primer capítulo de Génesis es el Alfa y la Omega de la creación. El fin es una vuelta al principio. Revela dos condiciones del mundo; el mundo sin la Palabra y el mundo con la Palabra. Para los impíos su fin será volver al caos donde la Palabra está ausente;  para los redimidos será entrar en la nueva creación, el mundo que la Palabra ha puesto en orden. Para los santos de todas las generaciones que dependieron de la promesa, Génesis fue una profecía de un mejor futuro por parte de Dios.
 
No es casualidad que el relato de la creación comience con el mundo en caos. Moisés pretende mostrar que el Dios de Israel tiene el poder de redimir, y no hay mejor manera de hacerlo que por medio de una creación que surge del desorden y la desolación. Si Jehová tiene el poder de crear la vida donde no existía, lo tiene también para salvarlos de la cautividad. Para el hombre que conoce la maldición que el pecado trajo, cada elemento de la creación original apunta a la restauración del mundo, llegando a ser un tipo de lo que será la historia de la redención. En el relato de la creación Jehová promete librar nuevamente a su creación del caos para conducirla a su reposo. La misma Palabra que la trajo a la existencia es la misma que la redimirá finalmente. El cumplimiento de la promesa trae consigo la nueva creación porque en ella la Palabra otra vez vuelve al mundo. Así lo expresa Juan cuando dice:
 
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". [16]
 
La llegada de la simiente, en la Palabra hecha carne, trae consigo la nueva creación. La Palabra, el Verbo eterno que creó todas las cosas, la luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo, y las tinieblas no pudieron someterle, cediendo como lo hicieron al principio. Juan testifica que de la misma manera que en el principio la Palabra trajo a la existencia la luz como la primera de sus criaturas, de igual manera, ahora, en los tiempos del cumplimiento, esa misma Palabra se hace luz, viene al mundo en el Verbo hecho carne y habita entre nosotros.
 
Al identificar a Jehová con la Palabra, se unen dos conceptos que habrían de caracterizar al mensaje de los profetas: Jehová es Dios por lo que es el único Creador y Redentor. Decía el profeta: "así dice Jehová, Creador tuyo, Oh Jacob, Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú".[17] 
 
El evangelio cristiano une igualmente estos conceptos al identificar a Jesús con la Palabra. En su confesión la Palabra que se encarna es Jehová y se ofrece  en pago por la redención de su pueblo, pueblo que le pertenece por derecho de creación y ahora por haberlos redimido. El evangelio proclama que el Creador de todas las cosas inició y consumó la historia de salvación. 
 
Para Israel, Jehová no es un dios concebido por el producto de su imaginación, es el Dios de la historia de la redención, la cual tiene su trasfondo en la creación y su impulso en la promesa de Génesis 3:15. Jehová es el Dios de la promesa. Desde el mismo principio ve en Génesis 3:15 su propio futuro, el plan para conducirlo de vuelta al Edén, la tierra prometida. En la historia de Adán y Eva reconoce cuáles serán los resultados de volverse a la idolatría una vez se establezcan en Canaán. Percibe además la gracia, la que proclama que de perder su derecho a la tierra y se les expulse a causa de su rebelión, la Palabra se comprometió a levantar de entre ellos a quien someta y destruya a la serpiente enemiga.
 
La historia de la redención es la historia de esa promesa en proceso de cumplimiento, es la Palabra de Jehová encarnándose en el tiempo, revelándose en la historia de Israel y llevando a cabo un nuevo acto de creación. Es esencialmente el proceso mediante el cual conduce esta creación, sometida al caos, al orden y a la perfección. Y en este proceso se da a conocer, y redime al hombre. Tratar de entenderle aparte de esta historia nos obliga a crear de él una imagen abstracta. 
 
Uno de los errores de la teología es usar las Escrituras como un documento de declaraciones doctrinales organizadas, separadas de la historia que narra los actos de Dios a favor de Israel y del mundo. Dios es encapsulado en un sistema filosófico lleno de abstracciones. Donde se enfatiza más sobre las ideas acerca de la divinidad en lugar de sus actos. Hacemos nuestra las palabras de Torrance: "no nos preocupa...la palabra de Dios en abstracto...sino la palabra de Dios en concreto"[18] Declara, además, que la interpretación que demos a las Escrituras--y yo añado, a la historia--es fiel cuando la explicamos de acuerdo al objetivo hacia donde la revelación apunta.[19]
 
Creer en Dios llegó a significar creer en ciertos dogmas expresados en un orden lógico a menudo llamado "orden de la salvación". No obstante, la divinidad trasciende a nuestras ideas, no podemos definirla mediante afirmaciones filosóficas, Jehová es un Dios vivo. Pretender conocerle sólo a través del dogma es crear un dios de la imaginación, producto de nuestro intelecto, creación de nuestras manos; en otras palabras: un ídolo. Este no es el Dios que actúa. La doctrina cristiana para que sea válida tiene que ser una confesión de sus actos en la historia. El Dios oculto, tu imagen abstracta de Dios; tiene que coincidir con el Dios revelado, tu imagen concreta de Dios. Dicho de otra manera, lo que conoces de él en la historia debe definir lo que es en la eternidad; el misterio eterno es el misterio revelado y el misterio revelado es un retrato del misterio eterno.
 
Al Israel confesar a Jehová como el Creador le reconoce el poder de librar a sus criaturas de las fuerzas del caos y de la no existencia. Esta verdad da origen y sirve de trasfondo a la doctrina de la resurrección. Si él puede de la nada crear vida, puede librar a Israel aun de la misma muerte. Él es Todopoderoso y lo mostró tanto en la creación como en la redención. Esta no es una doctrina de simples palabras, es la fe de quienes han sido testigos oculares de estos actos en la historia. Lo único que necesitamos hacer es leer el libro de Éxodo para darnos cuenta que la confesión de Israel no son meras ideas respecto a Dios. Frente al poder de Faraón y de lo dioses que se oponen a su liberación, Jehová muestra sus proezas. Su Palabra destruye los encantamientos de los hechiceros, y al extender su mano hiere a Egipto con sus maravillas.[20] 
 
Este mismo Jehová manifiesta su grandeza dividiendo el mar para que sus elegidos pasen. Los guía, de día con la nube, de noche, con fuego. Abre la peña para que en su sed beban agua; los alimenta con el maná y los guarda de las naciones enemigas hasta llevarlos a la tierra de la promesa.[21] Esto no es algo que ellos se imaginan, producto de un arrobamiento extático. Israel confiesa que sus ojos vieron todas estas señales y grandes prodigios.[22] Su confesión de fe reconoce y repite estos gloriosos actos de gracia. Todo cuanto conocen de Jehová es a partir de estas intervenciones, no son meras abstracciones filosóficas.
 
La Palabra Como Promesa
 
El relato de la creación es un resumen corto. Al compararlo con el resto de Génesis te das cuenta que la identificación de Jehová como Creador es la plataforma sobre la cual la historia de la redención se inicia, y se va moviendo hasta Abraham para introducirnos al origen de Israel. En otras palabras ellos son el objetivo o finalidad del relato. La narración sirve para explicar quién es el Dios que los llamó y los redimió de Egipto. Lo cual presupone que para entender la redención debes hacerlo en el trasfondo de la creación y la maldición que cayó sobre el mundo. En Génesis, la creación es el reino sobre el cual Dios ejerce su soberanía; corona al hombre de gloria y honra, somete todo bajos sus pies y le hace señor sobre las obras de sus manos.[23] Adán sería rey mientras fuera fiel y se sometiera al señorío del que es Rey de reyes y Señor de señores. 
 
A causa de un acto de desobediencia, el caos y la muerte una vez más amenazan con terminar la existencia Adán y arruinar el reino de Jehová. Pierde todo derecho al señorío desde el momento en que se encuentra bajo el juicio del Altísimo, y es el diablo quien lo reclama. Su expulsión del Edén es la manera de afirmar que perdió su derecho de reinar sobre la creación.
 
La tradición judía sostenía que la Shequina o Gloria de Jehová residía entre querubines en el Edén, y que se expulsó al hombre de su presencia. Una vez ocurrió esto Dios colocó su Gloria a la puerta del Edén, junto a los querubines, para impedir el acceso.[24] 
 
Al comparar el Edén con el Santuario descubrirás que existen similitudes entre ellos. El Edén estaba dividido en dos secciones, el área mayor llamada Edén y, el jardín, ubicado al oriente (Genesis 2:8). En medio del jardín Jehová colocó el árbol del conocimiento del bien y del mal, y allí se reunía con el hombre. 
 
El santuario, de igual manera, estaba dividido en dos partes una llamada el lugar santo y la otra el lugar santísimo. En medio del lugar santísimo se instaló el arca del pacto que contenía las tablas de la ley--las cuales determinaban lo que era bueno y malo y de cuyo cumplimiento dependía la vida--; sobre el arca descansaban dos querubines, cuando Dios venía a encontrarse con su pueblo colocaba su gloria entre ellos. De esta manera la mentalidad hebrea identificó al Edén con el santuario, siendo el primero la realidad del segundo.[25] 
 
En un estudio presentado por Robert Starke para el "Periódico de teología Bíblica en el Internt" (The online journal of Biblical Theology), titulado: El árbol de la vida: De la Protología a la Escatología, señala que:
 
"Se colocó a Adán en el Edén no para que descansara, sino para que lo sirviera y lo guardara. Estos deberes de Adán muestran que el Edén no se creó primariamente para ser "una morada para el hombre," más bien como un santuario donde el hombre pudiera estar en compañerismo con Dios. El Edén serviría como una copia del templo celestial. La relación con el culto de los verbos que se usan para describir las responsabilidades de Adán como guardián del Edén apoyan esto. El mismo Moisés al establecer el sacerdocio revelado en el Monte Sinaí habla del sacerdocio levítico en el tabernáculo-santuario como de servicio (Números 4:23,25,26, etc.), un eco de los deberes Edénicos de Adán&Aquí por lo tanto, en Génesis 2, las responsabilidades divinamente ordenadas a Adán prefiguran las del sacerdocio levítico, apuntando al concepto que originalmente se tenía de la naturaleza del Edén como santuario. De esta manera, como M. G. Kline ha argumentado, el Edén era el "lugar de culto de la presencia especial de Dios", el lugar de la morada del Señor Dios, un "tabernáculo santo&"
 
Cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo era una figura ilustrativa del regreso del hombre al Edén. El regreso al Edén se ganaría en una lucha contra la simiente de la serpiente. El sacerdote es un tipo de Adán,[26] su oficio y obra revelan lo que sucederá al fin de los tiempos cuando aparezca el Segundo Adán. El libro de Hebreos preserva esta tradición y la desarrolla al exponer a Cristo como el perfecto hombre, el nuevo Adán que, con la ofrenda de su propio cuerpo, entra velo adentro a la presencia de Dios en el lugar santísimo. Él abrió el camino y nos invita a entrar con confianza. 
 
Cuando el Sumo Sacerdote entraba al Santuario en el día de la expiación, y representativamente el pueblo con él, recordaban la misericordia divina que proveyó el remedio para la restauración del hombre. Todo esto era un anticipo, una primicia de ese momento tan esperado. La ofrenda que el sacerdote traía en confesión de la necesidad de un sacrificio era una figura de la Simiente que la serpiente habría de herir, y que Dios permitiría, en pago por la vida humana, para abrir nuevamente el camino al Paraíso. 
 
La Promesa de la Simiente
 
Es en este contexto que definimos la promesa, no sólo como promesa de regreso al Edén, sino también como la provisión de los medios necesarios para lograrlo. La promesa establece el gracioso compromiso divino de que restauraría al hombre a su posición original, cuando gozaba de una correcta y perfecta relación con su Creador, representado en el mando de justicia con que estaba cubierto. Todo esto lo destruyó el pecado. La desnudez lo hace consciente de la perdida de su inocencia, de la separación que el pecado había causando. Como resultado, le privan del "árbol de la vida", le sentencian a morir --no una muerte natural--, experimentará la muerte del juicio final que es el castigo a la desobediencia. Se dispuso que viviera esclavo del diablo, expulsado del reino de Dios, y desde ese instante su vida se caracterizó por un penoso trabajar que no logra alcanzar reposo.
 
Hablar de promesa como algo abierto, incomprensible y lleno de sorpresas no es hablar de la promesa divina. La promesa tiene contenido, crea expectativas y ofrece seguridad únicamente si ella proclama la restauración del reino junto con los medios que Adán necesita para estar frente a la gloria de Dios.
 
Génesis 3:15 se constituye en revelación entre tanto le permita ver el futuro obrar de Dios garantizando el triunfo sobre el mal. Vivir bajo la sombra de un futuro incierto no le capacitará para hacerle frente a las dificultades del presente; sin revelación sólo ve un camino de derrota, un abismo del cual no puede salir; está solo en un mundo que agoniza por ayuda. La promesa viene a él como promesa del triunfo de Dios en la Simiente. 
 
Esta interpretación del texto no es exclusivamente cristiana, también los estudiosos judíos de los tiempos apostólicos, y aún en tiempos previos, vieron en la promesa al Mesías que habría de venir. El Targum de Jonatán, escrito que data del primer siglo de la era cristiana, pero que se cree contiene una tradición mucho más antigua, vierte el texto de la siguiente manera: 
 
"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre la simiente de tu hijo, y la simiente de sus hijos; y será que cuando los hijos de la mujer guarden los mandamientos de la ley, ellos estarán preparados para golpearte en tu cabeza; pero cuando ellos se olviden de los mandamientos de la ley, tú estarás listo para herirlos en sus talones. No obstante, para ellos habrá una medicina, pero para ti no habrá medicina;  y ellos harán un remedio para el talón en los días del Mesías Rey". 
 
El Midrash Palestino (Bereshith rabba XII) declara:
 
 "las cosas perfectas que Dios creó desde que el hombre pecó se corrompieron (____) y no volverán a su condición original hasta que llegue el hijo de Perez (i.e. según Gén.38:29; Rut 4:18, el Mesías procedente de la tribu de Judá)". 
 
Otros escritos judios:
 
"R.'Tanhuma dijo en el nombre de R. Samuel: "Eva respetaba a aquella "Simiente" que viene de otro lugar. ¿Y quién es ésta? Ésta es el Mesías, el Rey'" (Ber. Rabbah (23 ed. Warsh. p. 45b).) 
 
 
 
"No está escrito que preservemos un Hijo de nuestro padre, sino Simiente de nuestro Padre. Ésta es la Simiente que viene de otro lugar. ¿Y quién es ésta? Es el Rey Mesías". Ber. Rabbah (51 ed. Warsh. p. 95a) 
 
 "Mientras obrabas la salvación de tu pueblo por las manos del Mesías, el Hijo de David, el cual herirá a Satán quien es la cabeza, Rey y Príncipe de la casa del malvado, y...(vencerá) toda su fuerza, poder, política y gobierno". (R. David Kimchi, rabí de los tiempos medievales) 
 
En cada una de estas declaraciones apreciarás que el pensamiento judío asocia la promesa de Génesis 3:15 con los días del Mesías. También se observa que la Simiente en ocasiones es singular, apuntando al Mesías, y en otras plural para definir al pueblo; mostrándose la relación de los muchos y uno en la manera de entender lo que ella es. 
 
El carácter representativo de la Simiente es obvio en estas interpretaciones. Dos fuerzas se oponen en esta lucha, dos grupos de personas identificadas por sus respectivos representantes. De los hijos de la serpiente se levantaría uno que habría de ilustrar el estado perfecto de rebelión, que en la teología cristiana corresponde al Anticristo.[27] De igual manera los hijos de la mujer tendrían su Campeón: el Mesías, la representación viviente y perfecta de lo que es la justicia, y lo que significa ser criatura que adora sometida a su Dios.
 
El Targum de Jerusalén sostiene que "cuando los hijos de la mujer consideren la ley, y pongan por obras (sus) instrucciones, ellos estarán preparados para darte el golpe sobre tu cabeza y matarte; y cuando los hijos de la mujer abandonen el mandamiento de la ley, y no realicen (sus) instrucciones, tú estarás preparado para herirlos en sus talones, y hacerles daño. No obstante, habrá una medicina para los hijos de la mujer, pero para ti, serpiente, no habrá medicina: pero sucederá que para estos habrá un remedio para su talón en los días del Mesías rey". (Targum Jerusalén)
 
Esta interpretación puntualiza la importancia de la justicia en el cumplimiento del pacto; si bien es tan sólo una ilusión del corazón humano el pretender que algún día podrá rendir la obediencia que necesita para poder destruir el poder de la serpiente en su vida. El tipo de justicia que puede hacerlo tiene que venir de arriba, hacerse presente en otro que no esté bajo el poder de la corrupción propia a los hijos de Adán. La historia de Israel mostró, vez tras vez, como la serpiente los venció y los esclavizó al no poder cumplir las condiciones estipuladas por la alianza. Es la obediencia del Mesías, en representación de Israel y del mundo, la que pudo vencer el reino de Satanás, sellando para siempre su destrucción. Lo que Israel no pudo hacer, Cristo lo logró de una vez y para siempre. 
 
El Targum Onkelos hace un comentario interesante del texto: "y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu hijo y su hijo. El recordará lo que le hiciste al principio; y le verás en el fin". Sugiere que la simiente estuvo presente en el Edén y se levantaría al final para vengarse; es muy probable que, de alguna manera, el autor identifica en su menta a Adán con la Simiente. Quizás ve al hijo de la mujer como un segundo Adán. Jehová promete a la serpiente que cuando el fin llegue la simiente recordará todo cuanto ella hizo. Sugiriendo con esto que al final de los tiempos Adán (el Segundo Adán) hará juicio sobre la serpiente y la destruirá. 
 
El escrito judío Shemoth Rabbah, que data del siglo séptimo, asevera que: "Cuando Adán vio las tinieblas estaba grandemente asustado, diciendo, 'Aquél de quien está escrito, "Él herirá tu cabeza, y tú herirás su talón," vino a molestarme y a atacarme,' y él dijo: 'Ciertamente las tinieblas vendrán sobre mí.'"[28] Es claro que para el escritor la Simiente que vendría en los tiempos mesiánicos, la que a menudo identifican con el Mesías, ya preexistía. La Simiente aparecería para destrucción de Satanás y para castigo de Adán por transgredir el mandamiento.
 
Pero eso no es todo cuanto la revelación Bíblica tiene que decirnos. La llegada de la Simiente representa, en el contexto Bíblico, la salvación y restauración de Adán y del mundo; y así la entendieron los escritores del Nuevo Testamento. La tradición más antigua vio en la Simiente a un individuo.[29] La esperanza en estos escritos judíos es que una vez llegue el Mesías hará realidad la victoria de Israel, y los regresará finalmente a la tierra de la promesa, su Edén.
 
La promesa y las expectativas de Eva
 
En lo que respecta a lo que Eva esperaba y comprendía concerniente a la promesa se percibe de sus mismas declaraciones. El registro establece que al Caín nacer ella declaró: "con la ayuda de Jehová e adquirido un varón". Es interesante que Moisés coloque estas palabras inmediatamente después que Jehová pronunció la maldición y los expulsó de su hogar edénico. Ella no pensó lo mismo del nacimiento de Abel, como si hubiese estado convencida que de su primogénito vendría el cumplimiento de lo prometido. Mathew Henry, en su comentario sobre Génesis 4:1, explica que muchos piensan que Eva creyó haber concebido el hijo de la promesa y que sus palabras deberían leerse, "He adquirido un hombre, el Señor, el Dios-hombre". Continúa diciendo que cuando Eva tuvo a Abel lo llamó "vanidad", ya que para ella habiendo adquirido la promesa, todo lo demás era sin valor e importancia.
 
El Targum de seudo-Jonatán confirma esta interpretación al verter el texto de la siguiente forma: "y Adán conoció a Eva su mujer, quien había deseado al Ángel; y ella concibió, y dio a luz a Caín; y ella dijo, he adquirido un hombre, el Ángel del Señor".[30] Según el pensamiento judío Eva conocía que la Simiente era algo especial, y la llama el Ángel del Señor, que en otros lugares la Biblia lo identifica con Dios mismo, acercándose de esta manera a la confesión cristiana de la encarnación del Verbo en la Simiente de la mujer. Esto es lo que Pablo confiesa al decir "venido el cumplimiento del tiempo Dios envió a su hijo nacido de mujer".[31] 
 
El Contenido de la Promesa
 
Los elementos que compone la promesa son: la esperanza de un varón que nacería de la mujer: la Simiente; la restauración de la justicia original, la inmortalidad o victoria sobre la muerte, el restablecimiento del reino y, finalmente, entrar al reposo del paraíso. En otras palabras, hablar de la promesa es hablar del triunfo de la Simiente, y a partir de ese triunfo encontrar significado a todo cuanto acontece en la historia. Una promesa que le ofrezca menos que esto a Adán es de poco valor ante su condición frente Dios. 
 
Estamos de acuerdo con Paul Tillich cuando dice que Cristo es el centro de la historia. Él explica lo que entiende por centro: 
 
"La historia no se puede entender a partir del comienzo y fin físico de cierto desarrollo en el tiempo y espacio. La historia podrá entenderse solamente por el significado de la historia. Por lo tanto, lo decisivo no es el comienzo o el final, sino el punto donde la historia revela su significado. Si llamamos a ese punto "el centro de la historia" podemos decir, que no es el comienzo o el fin lo que determina el centro, como lo es en el caso en la medida espacial, más bien que el centro de la historia determina su comienzo y final partiendo del significado de un proceso histórico. El centro de la historia es el lugar donde vemos el inicio del significado que se le dio". 
 
 "Desde ese centro se determinó el principio y fin. El principio es el evento donde el génesis de ese desarrollo se está viendo...El fin es la meta de ese desarrollo que hace del centro el significado del proceso histórico... Para el pensamiento cristiano, Cristo es el centro de la historia donde se determinó el principio y fin, significado y propósito de la historia".[32] 
 
La historia, interpretada de esa manera, implica planificación; al igual que un arquitecto al diseñar los planos para la construcción de un edificio, lo que desea lograr, su meta, determina la importancia de todo cuanto hace. El comienzo apunta hacia esa meta, el pasado muestra los pasos tomados para llegar a ella, y el futuro es el edificio levantado, el objetivo o significado cumplido. Todo el proceso comienza teniendo en mente el objetivo, y es este objetivo lo que se constituye en explicación y significado de todo el proceso.
 
Así lo es también con la palabra de la promesa, llega como una profecía que revela lo que Dios pretende hacer en la historia, anticipando su centro y significado; sin ésta, el hombre no podría entender lo que acontece y no tendría esperanza de un futuro. "Cristo es el centro de la historia y es únicamente a través de este centro que la fe es posible".[33] Cristo, por ser la Simiente, se constituye en el núcleo de todo acontecer histórico y de toda revelación. Si Dios no dio a conocer a Jesús anticipadamente como el representante y sustituto del hombre, entonces, ya no podemos hablar de fe desde la perspectiva cristiana. Sin la revelación del Mesías, el mundo se convierte en una lucha por apaciguar al Dios airado, una manipulación de la deidad por medio de ofrendas, obras y ceremonias; y estaríamos describiendo a paganos, no al pueblo del Señor. Como Pablo muy bien decía de los gentiles, que al estar sin el Mesías, vivían sin esperanza y sin Dios en el mundo. El hombre sin Cristo es un idólatra, intentando comprar a la deidad para escapar del juicio y la muerte. Sin Cristo tendríamos que pensar como los rabinos; que el hombre vive en la lucha por cumplir los mandamientos de Dios para evitar ser aplastados por la serpiente, ya que su poder está en el pecado y el poder del pecado se halla en la ley. 
 
El Judaísmo posee una interpretación legal de la historia:
 
"[...] la teología Cristiana rechaza lo legal, el intento de interpretar la proclamación de los mandamientos como principio de significado en la historia [...] Esto implica que no es el punto donde la demanda se hace, sino que debe ser el centro de la historia el punto donde el cumplimiento se ha hecho visible. Sólo una realidad significativa puede darle significado a la historia. La llegada de un significado incondicional le da forma a la historia, no como una demanda, sino como existencia, no como una idea, sino como la anticipación paradójica y temporal de la perfección final".[34] 
 
El cristianismo no ignora el propósito de la ley para su existencia, muy bien reconoce que en el cumplimiento del pacto encuentra lo que le da significado a la vida humana. Cristo como su cumplidor rescató a la historia de convertirse en un mero intento, en una angustiante existencia que agoniza por conseguir la justicia. El evangelio al revelar la Simiente anticipa en su anuncio el triunfo final de Dios, y a partir de éste el hombre puede encontrar esperanza, frente a un mundo en decadencia, lleno de miserias. 
 
El hombre, no importa el momento en la historia en el cual se encuentre, ha mirado a la Simiente en procura de esperanza, y desde su experiencia en el tiempo puede confesar con fe que lo prometido "llegó", mientras por otro lado, sostiene proféticamente que aún "viene". De esta manera la fe convierte la vida en el mundo en un vivir en esperanza moviéndose de lo que Dios ha hecho "ya" a lo que "aún no" ha llegado, pero lo espera con toda certidumbre.[35]
 
Hablar de la promesa sin establecer que es lo que se promete, o cuál es el contenido de lo que se está revelando, ¿de qué se está hablando? ¿Qué ofrece Dios en la promesa que le permita al hombre mirar al futuro victoriosamente?  Moltmann, en su libro Teología de la Esperanza, cree que el futuro que se anuncia en la promesa es desconocido, está abierto a la posibilidad de lo que Dios desee hacer, sorprendiéndonos. Ve la promesa como "apasionamiento por lo posible" (Kierkegaard), otra forma de decir que estás excitado por algo que sucederá, pero lo desconoces totalmente. ¿Cómo puedes estar excitado sin saber por qué? La realidad es que ante lo desconocido no mostramos fogosidad o entusiasmo, antes bien nos deprime y nos angustia. 
 
Pues, ¿qué es lo posible? ¿No es lo que podría suceder, pero no estás totalmente seguro que ocurrirá? ¿Puedes hablar de posibilidad cuando reconoces que el Dios que promete todo lo puede? La promesa no propone cosas que puedan ser posibles, sino hechos; lo que Dios decidió llevar a cabo con la Simiente y tiene el poder de efectuar. Si pensaran en el hombre tendrían que hablar de probabilidades, ya que, en lo que concierne a la salvación, para él le es imposible. Hablar de lo posible, de lo que podría ser pero desconoces es sostener que no se ha dado el significado de la historia, lo cual equivale a lanzar al mundo a la angustiante búsqueda de significado. Es conducirlo a que viva de sus obras en lugar de la fe que se sostiene de Cristo, quien le da sentido a la existencia humana.
 
La creación cayó en la desgracia precisamente cuando el hombre intentó encontrar significado a su existencia aparte de Dios. A partir de ese momento la historia se convirtió en el punto de partida de una historia que oscila entre el intento orgulloso de la criatura por ser su propio dios y la actividad divina de retornarlo a su condición de criatura.[36] Divorciar la redención de Israel y el llamado de Abraham del trasfondo de la creación, de la caída y en particular de la promesa de Génesis 3:15, es perder el porqué de la revelación y de la redención misma. 
 
Jehová, el Redentor de Israel, es el Creador; al pensar de esta manera la redención se concibe como un acto de creación. La salvación es un regreso al orden, un volver a la existencia y al shalom[37] de Dios, es un retorno al Edén. Como Creador Jehová tiene derecho soberano sobre el mundo y sobre la nación. En Israel conocemos a Dios como Jehová y desde este púlpito se le proclama como Palabra creadora.
 
La Historia de la Simiente como Historia de Dios
 
La revelación bíblica presenta la vida de Cain y Set como modelo de dos historias que cursan paralelamente. La primera presenta la historia del mundo, la historia del hombre conquistado por el pecado, reinando la muerte y la destrucción. Como si el enemigo se hubiese apoderado de la creación y todo lazo con su Creador estuviese roto definitivamente; como si a Dios le resultara extraña su creación y la tuviera por enemiga.[38] Junto a ésta, encontramos la historia de Dios desdoblándose hacia el futuro en la renovación de todas las cosas, proclamando su triunfo y el establecimiento de su reino. La restauración es la meta hacia donde todos los caminos de la gracia divina conducen y donde esperan su realización final.
 
El hombre y el mundo gimen ansiosamente aguardando la redención.[39] La visión del fin lo prepara para enfrentar la vida presente y hace de la Palabra divina el apoyo de su esperanza. Aquel que no medita en el fin no puede entender lo que acontece en el mundo; sólo cuando lo hace es que puede despertar de su locura.[40]
 
La misma Palabra que inició y consumó el reposo de la creación es la misma que descendió a consumar su acto de recreación. El pecado despojó a la criatura del reposo y la Palabra la conducirá de regreso a él. Al final de la historia, Dios reposará de sus obras y el hombre de las suyas. 
 
Cristo, en defensa de sus obras sabáticas, sostuvo que desde la caída el Padre continúa trabajando, y él, como espejo del Padre, lo hace de igual manera.[41] Dios no puede reposar hasta que restaure nuevamente al hombre. La historia de la redención es el recuento de lo que el Señor hizo en el pasado, lo que está haciendo en el presente y lo que hará en el futuro en su eterno plan de conducir su creación al reposo. Cuando hablamos de la historia estamos hablando de sus actos; de cómo se da a conocer valiéndose de lo que acontece en el mundo. En especial con lo que le sucedió a Israel, y finalmente, en lo que ocurrió en Jesús de Nazaret, la más grande de sus revelaciones históricas.
 
La historia que registra la Biblia se convierte en la revelación entre tanto lo tiene a él como sujeto, es decir, si la historia es la historia de Dios; pero de nada serviría esta historia si a su vez no es la historia del hombre. Cuando cuentas la historia del hombre desde la perspectiva de la salvación no puedes olvidar que detrás de esa historia se encuentra Dios actuando. Por medios de sus actos se encarna en nuestra historia, en nuestro mundo, de modo que participa de nuestras experiencias. El Nuevo Testamento con su doctrina de la encarnación del Verbo hace evidente esta verdad como nunca antes. 
 
Por medio de la promesa la Palabra se comprometió a tomar nuestra historia de fracaso y convertirla en una de triunfo. En esa promesa encontramos la actividad de Dios en nuestro mundo, pero no aparte del hombre, sino junto con él;  lo utiliza como vehículo para mostrar su gloria y grandeza. 
 
Si Cristo no era el contenido consciente de la fe de los hombres del pasado, entonces vivieron su vida en el mundo sin esperanza ni futuro alguno. Porque muchos piensan de esta manera enseñan que los creyentes del pasado nada conocieron de la resurrección de los muertos, pretendiendo que la vida presente era todo cuanto debían esperar. ¡Que triste será una vida como ésta! Sufrir una angustiante existencia y mirar a la distancia sin ver esperanza alguna de triunfo.
 
Gracias a Dios porque el testimonio bíblico es otro. El creyente, armado de la promesa hecha a nuestros primeros padres, estudia lo sucedido en el mundo y ve la soberana voluntad de Dios revelándose, conduciendo a su creación a un destino glorioso. Algunos sostienen que las acciones divinas son simples promesas de un futuro que aún está por acontecer. Que los creyentes en la revelación no pueden decir positivamente cuál es el significado de la historia, cuál es el futuro que le espera al mundo o qué pretende hacer para su salvación. 
 
Una promesa que no anticipa el futuro es únicamente una buena aspiración, como si Dios dijera: "les tengo una sorpresa". Pero, ¿qué sorpresa puede esperar el hombre que se unió a la rebelión contra Dios? Lo que hace a la promesa el ancla donde todo creyente se afinca es el hecho de saber que en ella la Palabra de Dios se hace presente, la misma que trajo a la existencia la creación y la misma que la sostiene. Él puede mirar hacia el pasado, al momento de la creación con el sello de aprobación de--"bueno en gran manera"--y con esta visión mirar al futuro. Para el cristiano la vida, muerte y resurrección de Cristo le quitó al futuro su incertidumbre. No se le dio un regalo envuelto, para que con ansias locas procure saber su contenido; al contrario, se le dio desenvuelto, para que lo disfrute desde ahora. Ya Dios anticipó la meta final de la historia, Cristo es el fin y el inicio de nuestro futuro, reveló de antemano lo que todavía no ha ocurrido (el "aún no"), por lo que el creyente no mira al futuro con inseguridad, el obrar de Cristo terminó con el misterio del futuro y le dio significado a todo cuanto sucede en el mundo. Decir que no podemos conocer lo que ha estado aconteciendo es afirmar que Dios no se reveló. 
 
Sólo al final de la historia se descubre su significado; lo que Tillich desde su perspectiva llama el centro de la historia, lo apóstoles lo llamaron el fin o la consumación de los siglos, sin separarlo en ningún momento de la promesa; el fin develó todo lo que ella encerraba. 
 
Todo cuanto la iglesia confiesa tiene su fundamento en la actividad de Dios en la historia, en sus maravillosos actos de redención; no depende de lo que siente el creyente, lo que experimenta en determinado momento o de la fragilidad de sus emociones. La fe investiga, escudriña estos actos que son el contenido de la revelación según ocurrieron en la historia de Israel, y luego en su cumplimiento final en Cristo[42], y a partir de ellos encuentra la fuerza para sostenerse en su éxodo hacia la Canaán celestial. 
 
Al explicar los apóstoles lo que ocurrió en Cristo no apelaron a "yo siento" o "yo tengo una bonita experiencia", ellos expusieron lo que "vieron, oyeron y tocaron" sus manos tocante a la vida eterna que se manifestó.[43] La doctrina de la revelación, por consiguiente, se comprenderá a partir del futuro, dentro del horizonte de la promesa,[44] sin que esto signifique una ruptura con las acciones de Dios en el pasado. Antes bien, es el hecho de que Cristo ya está presente en la promesa, lo que sirve de fundamento para el cumplimiento de lo prometido. Para el hombre del Antiguo Testamento, el evangelio fue la proclamación anticipada de lo que Jesús habría de cumplir; para nosotros, es la afirmación de que Dios inauguró su propósito en Jesús, que los tiempos del fin llegaron y que nos movemos a la consumación de lo consumado. 
 
El mismo Dios que promete es el mismo que cumple. Al investigar las consecuencias de lo que sucedió en Jesús y el significado de la historia del hombre, no podemos ignorar esta historia de salvación que al fin de los tiempos viene a nosotros proclamándonos el cumplimiento. Si como afirma Jesús todo el Antiguo Testamento habla de él, entonces, él es el significado de la historia, lo que se había prometido en la Simiente y, como resultado, define lo que es Dios mismo; ya que en la promesa encontramos una donación de Dios al hombre. Jehová envió la Palabra a redimir al hombre que creó, y es como Simiente que esa Palabra se hace uno con nosotros, no sólo uno en nuestra pobrísima y humillante existencia, también uno en nuestra futura exaltación.
 
Tratar de entender el Evangelio de Jesús aparte de esta historia de redención es un imposible y una distorsión del mensaje bíblico. La Biblia es ante todo una confesión de fe. El valor de las experiencias del Hombre del Calvario pueden ser comprendidas únicamente a la luz del Dios que crea, promete y redime, y que vino para cumplir las expectativas históricas de Israel. Todo cuanto acontece en ellos, tanto en el perdón como en el juicio, revela a Dios, pero no Dios en Sí mismo, sino Dios en Israel, con Israel y por Israel. Emmanuel es la mejor explicación de este hecho, Dios con nosotros, en el terreno de combate donde experimentas la furia de la tentación, en el experimentar de todo lo que es humano, no a la distancia. En toda angustia de ellos él fue angustiado, en su amor y clemencia soportó sus impertinencias y los levantó cuando estaban caídos.[45] El evangelio asegura que el Dios que sufre con su pueblo, es el Dios presente en Jesucristo.
 
Isaías presenta la historia de la redención como los caminos de Dios, otra manera de hablar de lo que decidió hacer.
 
 "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,  así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.[46] 
 
De Jehová depende el cumplimiento de lo que prometió; porque es fiel a su Palabra, ella no regresará vacía. La Palabra que salió de su boca, tiene una misión que cumplir, y hasta que no la lleve a cabo no regresará a él. Jesús es esa Palabra que salió del Padre.[47] En el contexto de Juan uno, la Palabra que procede de Dios se hizo carne. Y fue esa Palabra la que rehusó regresar al seno paterno de donde procedía hasta no terminar la obra para la cual la enviaron. 
 
La voluntad de Dios para el hombre y la historia de Cristo son una y la misma cosa. Él no sólo es el cumplidor, el agente de esa voluntad, sino la voluntad misma. Lo que Dios deseó y lo que hizo en Cristo son una misma voluntad, y acontecen en un idéntico tiempo histórico. Es aquí donde yerran los que hablan de una elección eterna aparte de y sin relación alguna con las experiencias de Jesús mientras vivió en la tierra. El evangelio atestigua que por medio de la Simiente Dios logró cumplir lo que tuvo en mente al elegirnos y  hacer suya nuestra historia.[48]
 
Una vez el hombre cayó en pecado Dios reveló su pensamiento respecto a la Simiente y su pensamiento se hizo Palabra, y la Palabra se hizo historia, y la Palabra se hizo carne. En esa Palabra Dios hace el llamado eficaz de la gracia; todos sus actos los realiza por medio de ella. Hablar de una acción divina aparte de la Palabra es como decir que previo al pensamiento de Dios había otro pensamiento, que previo su hablar había otro hablar. La creación comienza con el hablar de Dios, con su Palabra; la redención, con su Palabra enviada al mundo en la promesa de la Simiente. Esta Palabra-Simiente garantiza el futuro de la humanidad, desde ahora les asegura que el Creador cumplirá lo que ha dicho. 
 
La Biblia también llama a la Palabra "la mano de Dios" para indicar que ella ejecuta sus planes y propósitos. Por medio de su Mano todos sus pensamiento encuentra expresión en la historia.[49] Con ella sacó a Israel de Egipto y le hizo conocer a Faraón su poder.[50] Que la Mano de Dios está con uno es sinónimo de tener su asistencia, su protección,[51] lo opuesto es también cierto, es una expresión de Juicio.[52] En el momento de la muerte la Mano de Dios recibe al justo.[53] 
 
No existe mejor ilustración para describir la obra de Jesucristo que ésta. Él es la Mano de Dios, hablar de un obrar aparte de Jesús es hablar de un Dios sin manos. Él es la Mano de Dios en la creación, lo es en la elección, en la redención, en el juicio y finalmente lo será en la resurrección. La historia de la redención es la demostración de la diestra poderosa de Jehová contra las fuerzas del mal que intentan estorbar su propósito de restauración. Las metáforas de Palabra y Mano hablan de las obras del eterno Soberano a través de los tiempos y la manera en que gobierna al mundo. 
 
Todo esto se originó en aquel momento cuando el hombre derrotado, sin futuro, recibe la promesa de la Simiente que triunfaría sobre el mal. Un Hijo de Eva vendría investido con el poder de la Palabra, sostenido por el brazo de Jehová, para luchar contra la simiente de la serpiente. Claramente se ve que éste es diferente al resto de la descendencia de Adán. En Adán todos fueron colocados bajo el poder del diablo, pero esta Simiente se introduciría en el reino de la serpiente, destruiría su imperio y libraría a cuantos estaban sometidos a su señorío.[54] 
 
Noé fue uno de aquellos que los patriarcas pensaron que sería el cumplimiento de la promesa; y a pesar de que no lo fue de manera perfecta, en él, parcialmente, Jehová inicia un nuevo mundo, sombra promisoria de la perfecta realidad. De él se dice: "Éste nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo"[55]
 
 
 
[1]Éxodo 5:1Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.
 
[2] Salmos 137.
 
[3] Walter Eichrodt, Teología el Nuevo Testamento, tomo 2, pág. 108.
 
[4]S.G. De Graaf, El Pueblo de la Promesa, Vol. 1, pág. 35.
 
[5] Algunos creen que Cristo se hizo hombre para que llegaramos a ser como Dios. Se habla de la deificación de la humanidad como la meta final de la redención. Opuesto a esto vemos que la meta final es llegar a ser verdaderamente humanos, ya que sólo siendo criaturas tenemos derecho a la existencia.
 
[6] Romanos 1.
 
[7] Salmos 33:6,9.
 
[8] Isaías 40:26.
 
[9] Hebreos 1:3.
 
[10] Salmos 147.
 
[11] Salmos 107:20.
 
[12] Salmos 119:107.
 
[13] Salmos 147:19-20.
 
[14] "Se dice que, cuando Jonatán presentó su Targum sobre los libros de los profetas, se oyó una voz del cielo que dijo: ¿Quién es éste que ha revelado mis secretos a los hombres? (Alfred Edersheim, La Vida y los Tiempos de Jesús el Mesías, Tomo 1, pág. 35).
 
[15]  Isaías 45:18-19.
 
[16] Juan 1:1-5.
 
[17] Isaías 43:1.
 
[18] Thomas F. Torrance, Theology in Reconstruction, pág. 141
 
[19] Ibíd.
 
[20] Éxodo 3:20.
 
[21] Salmos 78.
 
[22] Deuteronomio 29:3.
 
[23] Salmos 8.
 
[24] "y el Señor Dios lo sacó del jardín del Edén; y vino y moró en el monte Moriah, para cultivar la tierra de donde había sido tomado. Y sacó al hombre del lugar donde había hecho morar la gloria de su Shequina entre los dos querubines. (Targum Seudo Jonatán) Y echó fuera a Adán, e hizo que la gloria de su Shequina morase al frente del este del jardín del Edén, por encima de los dos querubines (Targum Jerusalén).
 
Jubileo 8:18-19 ...Y Noé se regocijó que su herencia se cumplió para con Sem y sus hijos, y recordó todo cuanto hubo hablado con su boca proféticamente; porque dijo: Bendito sea el Señor Dios de Sem y el Señor more en las tiendas de Sem. Y él sabía que el Jardín del Edén es el santo de los santos, y lugar de la morada del Señor.
 
[25]< style='letter-spacing:-.1pt'>  Apocalipsis 21 y 22 presentan la nueva Jerusalén como el Nuevo Edén y el Nuevo templo, ambas imágenes se usan para describir el futuro estado de los redimidos. La descripción de la ciudad recuerda la configuración del lugar santísimo (1 Reyes 6:20). Nos dice que sus puertas nunca serán cerradas, indicando que todo impedimento para entrar fue quitado. El capítulo 22 comenta que un río de vida salía del trono de Dios en medio de la ciudad, y allí estaba el árbol de la vida. De acuerdo a Génesis en medio del jardín estaba el árbol de la vida, como el trono y el árbol de la vida de Apocalipsis se encuentran en medio de la ciudad. La maldición ha terminado, el hombre vuelve a ver el rostro de Dios; se declara una bienaventuranza sobre quienes lavan sus ropas (las ropas de Adán) en la sangre del cordero; ya que son estos los que tendrán derecho al árbol de la vida y entraran por las puertas de la ciudad. Sin lugar a dudas Génesis sirve de base para expresar el triunfo de Cristo y las glorias que vienen tras él. El regreso al Edén es la meta hacia la cual la historia nos conduce.
 
[26] El Testamento de Leví, escrito judío previo al Nuevo Testamento, hablando del Mesías, nos dice: y en su sacerdocio los gentiles serán multiplicados en conocimiento sobre la tierra, y alumbrados por la gracia del Señor. En su sacerdocio el pecado llegará a su fin, y los malhechores dejarán de hacer lo malo. Y él abrirá las puertas del Paraíso, y removerá la espada amenazadora contra Adán, y le dará a los santos de comer del árbol de la vida, y el espíritu de santidad estará sobre ellos. Y Beliar será atado... 
 
[27] Obsérvese particularmente que aquí se habla de dos simientes, Tu simiente (claramente alude a la Serpiente) y su simiente la Simiente de la mujer. La Simiente de la mujer sería Cristo, la simiente de la Serpiente, el Anticristo. El Anticristo, entonces, es mucho más que un hombre, será la actual y literal simiente de aquella Antigua Serpiente, el Diablo; así como Cristo según la carne fue, la actual y literal Simiente de la mujer. Tu simiente, la simiente de Satanás, se refiere a un individuo en especifico, así como su simiente se refiere a un individuo en especifico (Arthur Pink).
 
[28] Shemoth Rabbah, 12; ed. Warsh. pág. 24b.
 
[29]< style='font-size:12.0pt'> La identificación de la Simiente como singular, refiriéndose a un individuo, la sostiene la traducción Griega del Antiguo Testamento llamada la versión LXX, 200 años antes de Cristo.< style='font-size:12.0pt'> 
 
[30]< style='font-size:12.0pt'> El comentario Rabínico Midrash Rabbah comentando Génesis 4:1, sobre la frase con la ayuda de Jehová muestra la dificultad que los traductores tienen cuando intentan traducir la expresión. El comentario dice que Rabí Ismael le pregunta a Rabí Akiba como debería ser interpretada la preposición eth que en este contexto se tradujo como con la ayuda de. El comentario establece que debe traducirse de esta forma porque de lo contrario estaría implicando que ella engendró a Jehová La construcción literal del pasaje es: he concebido varón eth Jehová. La palabra eth es la que causa el problema en la traducción. El hebreo la usada en tres ocasiones en este texto y en todo momento describe a lo que antecede. Adán conoció a (eth) Eva. Eth identifica a la mujer con la cual Adán tuvo relación sexual. En el verso 2 se utiliza para identificar a Abel como el hermano de Caín. Dice: Dio a luz al hermano eth Abel. ¿Por qué tenemos que traducir diferente cuando en el mismo contexto la palabra es usada para definir de quien se habla? Si somos consistentes necesitamos traducir la declaración de Eva: e adquirido un varón, a (eth) Jehová. El rechazo de esta traducción no se debe a la construcción del texto sino al prejuicio teológico que sostiene que Eva no podía creer que su hijo Caín fuese el cumplimiento de la promesa de salvación. O que ella tuviera una comprensión tan abarcante de la promesa mesiánica.
 
[31] Gálatas 2:4.
 
[32] Paul Tillich, The Interpretation of History.
 
[33] Ibíd.
 
[34] Ibíd.
 
[35] Cristo, el centro de la historia, llegóy un elemento proféticoCristo, el fin de la historia, viene. Así pues la interpretación cristiana de la historia está entre el ya y el aún no (Tillich).
 
[36] Vea Walter Eichrodt, Teología el Nuevo Testamento, tomo 2, pág. 108.
 
[37] Es la palabra que comúnmente traducen paz, su significado básico es estar completo, tener plena salud En el contexto de salvación shalom-paz está fundada en la obra de Dios en la redención. Como anticipación del fin es una señal de que la nueva creación de Dios ha comenzado, y, partiendo de la consumación, es la plena realización de que la obra de la nueva creación se completó. W.E Vine, The New International Dictionary of New Testament Theology Vol. 2, pág. 780.
 
[38] Walter Eichrodt, Teología el Nuevo Testamento, tomo 2, pág. 114.
 
[39] Romanos 8:19-21.
 
[40] Salmo 73:17.
 
[41] Juan 5:17 Pero El les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo (LBLA).  Jesús les dijo: Mi Padre no deja de trabajar, y yo sigo su ejemplo (CST).
 
[42] Hebreos 1:1.
 
[43] 1 Juan 1.
 
[44] Jurgen Moltmann
 
[45] Isaías 63:9.
 
[46] Isaías 55:8-11.
 
[47] Juan 5:30, 6:39.
 
[48] Usando palabras de Moltmann, aunque no su contenido.
 
[49] Isaías 41:20.
 
[50] Éxodo 6:1, 7:5.
 
[51] 1 Crónicas 4:10.
 
[52] Job 19:21.
 
[53] Salmos 31:5.
 
[54] Hebreos 2:14.15.
 
[55] Génesis 5:29.
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